GOMBRICH – El Arte y los artistas.

  • No existe, realmente, el Arte. Tan sólo hay artistas.
  • Todos nosotros, cuando vemos un cuadro, nos ponemos a recordar mil cosas que influyen sobre nuestros gustos y aversiones.
  • A mucha gente le gusta ver en los cuadros lo que también le gustaría ver en la realidad. Se trata de una preferencia perfectamente comprensible. A todos nos atrae lo bello en la Naturaleza y agradecemos a los artistas que lo recojan en sus obras.
  • De pronto descubrimos que a hermosura de un cuadro no reside realmente ne la belleza de su asunto.
  • Y lo mismo que decimos de la belleza hay que decir de la expresión. En efecto, a menudo es la expresión de un personaje en el cuadro la que hace que éste nos guste o nos disguste. Algunas personas se sienten atraídas por una expresión cuando pueden comprenderla con facilidad y, por ello, les emociona profundamente.
  • De mismo modo que hay quien prefiere a las personas de pocas palabras y ademanes y que dejan siempre algo que adivinar también hay quien se apasiona por cuadros o esculturas en los que queda algo por descubrir.
  • Pero los que se acercan por primera vez al arte frecuentemente tropiezan con otra dificultad. Quieren admirar la destreza del artista al representar los objetos, y lo que más les gusta son cuadros en los que algo aparece “como si fuera de verdad”.
  • No sólo es el abocetamiento lo que molesta a los que prefieren que los cuadros parezcan “de verdad”. Aún sienten mayor aversión por obras que consideran dibujadas incorrectamente, en especial si pertenece a época mucho más cercana a nosotros, en las que el artista “estaba obligado a saber más”.
  • Todo el que haya visto una película de Walt Disney o una tira cómica, sabe que es perfectamente correcto dibujar cosas de modo distinto de cómo se presentan, cambiarlas y alterarlas de un modo u otro.
  • No van a ver sus películas armados con los mismos prejuicios que cuando van a ver una exposición de pintura moderna.
  • Pensemos como queramos de los artistas modernos, pero podemos estar seguros de que poseen conocimientos suficientes para dibujar con corrección. Si no lo hacen así, es porque acaso sus razone sean muy semejantes a las de Disney.
  • Los pintores quieren ver el mundo con un nuevo mirar, soslayando todo prejuicio e idea previa acerca de si la carne es rosada y las manzanas verdes o rojas. No es fácil desembarazarse de esas ideas preconcebidas, pero los artistas que mejor lo consiguen producen con frecuencia las obras más interesantes.
  • No existe mayor obstáculo para gozar de las grandes obras de arte que nuestra repugnancia a despojarnos de costumbres y prejuicios.
  • La idea más importante con la que tenemos que familiarizarnos es que lo que nosotros llamamos “obras de arte” no constituyen el resultado de una misteriosa actividad, sino que son objetos realizados por y para seres humanos. Un cuadro parece algo my distante cuando está con su cristal  su marco, colgado de la pared; y en nuestros museos, muy justamente, está prohibido tocar los objetos a la vista. Pero originariamente tuvieron que ser tocados y manejados, contratados, admitidos o rechazados. Pensemos también que cada uno de sus rasgos es el resultado de una decisión del artista: que pudo reflexionar acerca de ellos y cambiarlos muchas veces, que pudo titubear entre quitar aquel árbol del fondo o pintarlo de nuevo, y que colocó tal o cual figura con desgana ante la insistencia del comprador. Muchos de los cuadros y esculturas que cuelgan ahora a lo largo de las paredes de nuestros museos y galerías, no se concibieron para ser gozados artísticamente, sino que se ejecutaron para una determinada ocasión y con un propósito definido.
  • La belleza y la expresión, raramente son mencionadas por los artistas. No siempre ha sido así, pero lo fue durante muchos siglos en el pasado, y vuelve a suceder ahora. La razón de esto se halla, en parte, en el hecho de que los artistas son, por lo general, gente callada, hombres que considerarían embarazoso emplear palabras tan grandilocuentes como “Belleza”. Se juzgarían presuntuosos si hablaran de “expresar sus emociones” y otras frases teatrales por el estilo. Tales cosas las dan por supuestas y consideran inútil hablar de ellas.
  • Lo que le preocupa a un artista cuando proyecta un cuadro, realiza apuntes o titubea acerca de cuándo ha de dar por concluida su obra, es si ha “acertado”.
  • Quienquiera que haya tratado de componer un ramo de flores, mezclando y cambiando los colores, poniendo un poco aquí y quitando allí, ha experimentado esta extraña sensación de equilibrar formas y matices, sin ser capaz de decir exactamente qué clase de armonía es exactamente la que se ha propuesto conseguir. Hemos advertido: una mancha de rojo aquí lo altera todo; o este azul está muy bien, pero no “va” con los otros colores; y de pronto, una rama de hojas verdes parece componer el conjunto “acertado”. “No lo toques más –decimos-, ahora está perfecto.”
  • Como no existen  reglas que nos expliquen cuándo un cuadro o una escultura están bien, por lo general es imposible explicar exactamente con palabras por qué creemos hallarnos frente a una obra maestra. Pero esto no quiere decir que una obra dada sea tan buena como cualquier otra, o que no se pueda discutir en cuestión de gustos. Si no a otra finalidad, tales discusiones nos llevan a contemplar los cuadros y, cuando más lo hacemos así más cosas advertimos en ellos que anteriormente se nos habían pasado por alto. Empezamos a sentir mejor la clase de armonía que cada generación de artistas ha tratado de conseguir. Y cuando más claramente la percibamos, mejor gozaremos de ella, lo cual es, a fin de cuentas, aquello de lo que se trata.
  • Nunca se acaba de aprender en lo que al arte se refiere. Siempre existen cosas nuevas por descubrir. Las grandes obras de arte parecen distintas cada vez que se las contempla. Parecen tan inagotables e imprevisibles como los seres humanos.
  • Quienes han adquirido conocimiento de la historia del arte corren el riesgo, a veces, de caer en estas trampas. Cuando ven una obra de arte no se detienen a contemplarla, sino que buscan en su memoria el rótulo correspondiente.
  • Mirar un cuadro con ojos limpios y aventurarse en un viaje de descubrimiento, es una tarea mucho más difícil, pero también mucho mejor recompensada. Es difícil precisar cuánto podemos traer con nosotros al regreso.

6 comments

  1. “Pero los que se acercan por primera vez al arte frecuentemente tropiezan con otra dificultad. Quieren admirar la destreza del artista al representar los objetos, y lo que más les gusta son cuadros en los que algo aparece “como si fuera de verdad”.”

    Este es uno de los handicaps que creo que debiera sobrepasarse mediante la Educación Artística.

  2. “Los pintores quieren ver el mundo con un nuevo mirar, soslayando todo prejuicio e idea previa acerca de si la carne es rosada y las manzanas verdes o rojas. No es fácil desembarazarse de esas ideas preconcebidas, pero los artistas que mejor lo consiguen producen con frecuencia las obras más interesantes.”

    Esta forma de entender la realidad también sirve como ejercicio para poder desprendernos de los prejuicios que rodean nuestra vida.

  3. “La idea más importante con la que tenemos que familiarizarnos es que lo que nosotros llamamos “obras de arte” no constituyen el resultado de una misteriosa actividad, sino que son objetos realizados por y para seres humanos. Un cuadro parece algo my distante cuando está con su cristal su marco, colgado de la pared; y en nuestros museos, muy justamente, está prohibido tocar los objetos a la vista. Pero originariamente tuvieron que ser tocados y manejados, contratados, admitidos o rechazados. Pensemos también que cada uno de sus rasgos es el resultado de una decisión del artista: que pudo reflexionar acerca de ellos y cambiarlos muchas veces, que pudo titubear entre quitar aquel árbol del fondo o pintarlo de nuevo, y que colocó tal o cual figura con desgana ante la insistencia del comprador. Muchos de los cuadros y esculturas que cuelgan ahora a lo largo de las paredes de nuestros museos y galerías, no se concibieron para ser gozados artísticamente, sino que se ejecutaron para una determinada ocasión y con un propósito definido.”

    Creo que la Educación Artística se ha centrado en las obras de arte, creando una falsa ilusión de haberse creado de la nada. En mi opinión debiera centrarse en el artista y en su actividad creadora, puesto que en el proceso de generación es donde realmente se aprenden y construyen objetos e ideas nuevas (eso sí, sin dejar de lado el estudio de los resultados, las obras).

  4. “La belleza y la expresión, raramente son mencionadas por los artistas. No siempre ha sido así, pero lo fue durante muchos siglos en el pasado, y vuelve a suceder ahora. La razón de esto se halla, en parte, en el hecho de que los artistas son, por lo general, gente callada, hombres que considerarían embarazoso emplear palabras tan grandilocuentes como “Belleza”. Se juzgarían presuntuosos si hablaran de “expresar sus emociones” y otras frases teatrales por el estilo. Tales cosas las dan por supuestas y consideran inútil hablar de ellas.”

    Actualmente considero que el perfil del artista se caracteriza por ser hedonista, individualista, egocéntrico, amante de las teorizaciones (aún sinsentido) y con cierto aire de superioridad.

  5. “Quienquiera que haya tratado de componer un ramo de flores, mezclando y cambiando los colores, poniendo un poco aquí y quitando allí, ha experimentado esta extraña sensación de equilibrar formas y matices, sin ser capaz de decir exactamente qué clase de armonía es exactamente la que se ha propuesto conseguir. Hemos advertido: una mancha de rojo aquí lo altera todo; o este azul está muy bien, pero no “va” con los otros colores; y de pronto, una rama de hojas verdes parece componer el conjunto “acertado”. “No lo toques más –decimos-, ahora está perfecto.””

    Actividades relacionadas con este tipo de ejercicio son las que considero que debieran aplicarse en la escuela.

  6. “Quienes han adquirido conocimiento de la historia del arte corren el riesgo, a veces, de caer en estas trampas. Cuando ven una obra de arte no se detienen a contemplarla, sino que buscan en su memoria el rótulo correspondiente.”

    Esto es lo que ocurre, puesto que en la escuela se centran en la historia del arte, en el estudio de las grandes obras.

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